viernes, 8 de julio de 2011

Historia de 3 mudanzas

Os dije que El Mierdiario volvería a pleno rendimiento una vez concluyese mi proceso de mudanza y aquí estamos de nuevo... aunque por poco no lo cuento. No ha sido ni una, ni dos, ni tres, sino tres mudanzas las que he tenido que hacer hasta dar con el sitio perfecto para pasar lo que queda de verano en Madrid. Tantas y tan estresantes experiencias he vivido en el último mes que me darían para escribir un libro o incluso una trilogía, ahora que están tan de moda. Para los que me habéis preguntado todos estos días sobre cómo me ha ido la mudanza y os he remitido a mi blog, aquí os dejo a modo resumido lo que, bien trabajado, podría ser el próximo gran exitazo en las librerías de todo el mundo:

PRÓLOGO:
15 de abril de 2011. Tras casi 5 años en mi botellódromo de Madrid, mi compi de piso y yo damos el aviso de que no renovaremos el contrato de nuestro piso cuando éste expire el 15 de junio. De si tengo trabajo o no para esa fecha dependerá que siga en Madrid, en otro piso, o me vuelva definitivamente a Málaga.


CAPÍTULO 1: THE END
Con un trabajo medianamente estable y tras un mes y pico buscando piso finalmente acuerdo con la amiga de un amigo el irme a su piso con ella y un francés. Está lejos de mi piso actual, cerca del Calderón, pero más o menos a la misma distancia de mi trabajo, por lo que apenas notaría el cambio. Organizo la fiesta The End para despedirme oficialmente de mi piso, con invitados ilustres como Sel, el Ochoa o el militar homosexual al que ya todos conocéis. Morriña, exaltación de la amistad y sensación de fin de ciclo en el aire. Al día siguiente hago el ridículo en el cumpleaños de una letona pero esa historia no viene a cuento.

CAPÍTULO 2: CAMBIO DE PLANES
6 de junio de 2011. Cuando ya tengo todo el planning listo, me llaman de la revista para la que trabajé hace dos veranos y me dicen que quieren que vuelva con ellos durante el verano, empezando el 15 de junio. Sí, el mismo 15 de junio que tengo que abandonar mi piso. Me entran urgentes dudas sobre si aceptar o no, tanto por el trabajo en sí (es mi especialidad pero sólo son 3 meses) como por el piso (el trabajo me pilla a tomar por culo del piso que ya había acordado). Tras dos días de sudores fríos y estrés, decido volver a la revista y empiezo a buscar piso en mi barrio de los últimos 5 años para así ahorrarme una hora de metro.

CAPÍTULO 3: LA BÚSQUEDA
Tras mirar a contrarreloj (recordad, debo dejar mi piso en apenas una semana) por internet visito el piso de un presunto guei (tenía un póster de Madonna en el salón, una boa de plumas y va a clases de baile, era CLARAMENTE homosexual), un zulo que tenía gato (no encerrado sino gato literal), el dúplex de una pareja de mexicanos y el piso de unos venezolanos (ella = pibón) y un tipo que trabajaba en un periódico nacional cuyo nombre no diré aquí. Tras muchas dudas, viendo pros, contras, dimes y diretes, finalmente escogí... el piso de al lado del Calderón (a partir de ahora LC). Nah, ¿qué es una hora de metro para un tío que lleva toda la vida cogiendo el cercanías para salir por Málaga? ¿Qué somos, leones o huevones?

CAPÍTULO 4: TRIBUNAL CONSTITUCIONAL STYLE
Con tanto ajetreo (no olvidemos que, encima, es época de presentar la Declaración) me da por negociar con el dueño de mi piso y consigo quedarme en él varios días más (hasta el 19 croquetamente) para así poder ganar tiempo. 14 de junio de 2011: visito el piso de al lado del Calderón y me entran dudas, básicamente por ser un barrio de pinta chunga, por tener una iglesia evangélica al lado y por estar en el culo del mundo. Me da por mirar por internet y veo otro piso justo al lado del mío, y decido que no pierdo nada por ir a mirar. Sí que perdí algo, y fue tiempo: el piso (a partir de ahora PV) era un pisazo, y el dueño me dijo en ese momento que podría entrar casi que ya. Sin embargo, al día siguiente empezaron los cambios de discurso: que si para entrar en PV tendría que esperarme hasta el 1 de julio pero que mientras podía meterme en otra habitación que había libre, que si ahora ya no podía meterme hasta el 20 y mucho, que si ahora ya hasta fin de mes... PV no me empezaba a dar muy buena espina pero decidí ganar algo más de tiempo quedándome en mi botellódromo hasta finales de mes pese a que, repito, el contrato ya había expirado hacía días (si el Tribunal Constitucional puede, yo también) y esperando a ver qué me confirmaba el tipo y teniendo el piso de LC como alternativa por si ese fallaba (no tenían intención de alquilárselo a nadie este verano, por lo que tampoco sería una tragedia si al final les dijese que no). En principio todo cuadraba. En principio.

CAPÍTULO 5: GALLARDÓN, GALLARDÓN
Yo seguía siendo un mar de dudas hasta que el 19 de junio se me aclararon todas de un plumazo. Esa mañana fui a la manifa del 15-M contra el Pacto del Euro y cuál fue mi sorpresa cuando descubrí en el metro un cartel anunciando que, desde hacía un día y por un periodo aproximado de dos meses, la línea que debía cogerme en LC iba a estar chapada por obras justo en una parte del tramo que yo debía coger cada mañana. ¿Señal divina o Gallardón dando por culo al contribuyente pero haciéndome de paso un favor? Quizás ambas cosas, el caso es que probé a hacerme el recorrido alternativo para ver cuánto tardaba y la cosa se salía de presupuesto (casi una hora más), así que la decisión ya estaba tomada: lo siento por LC, pero me voy a PV. Llamo emocionado a mi omá para decirle que por fin ya tenía piso, le mando un sms a la chica de LC... Algo muy raro tenía que pasar para que yo no acabase en ese piso. Y pasó.

CAPÍTULO 6: UN MAL DÍA
22 de junio. Llamo al tío de PV y me dice que ya no sabe cuándo estará libre la habitacion, que no me garantiza que esté ni para el 1 de julio y que más tarde me mandaría un sms confirmándome este dato (un sms que nunca me llegó), ergo le acabé mandando a la mierda por impresentable. Apenas un rato después de este revés, la chica de LC me dice, cabreada, que la he dejado demasiado tiempo colgada y que la dueña de su piso ya no quiere que me meta ahí. En apenas una hora había pasado de tener dos pisos a estar a una semana de quedarme en la puta calle. Y, encima, esa misma mañana una amiga mía me contó una muy mala noticia que le había sucedido (un besazo enorme si estás leyendo esto) lo cual hizo que, pese a que al final por suerte la cosa quizás no sea tan grave como en un principio parecía, esa mañana yo estuviese al borde de un ataque de nervios. Qué digo al borde, estaba para que me encerrasen.

CAPÍTULO 7: DANDO CAÑA
Dicen que es en las situaciones difíciles cuando las grandes personas se crecen. O simplemente quizás fue que, como dijo Alf, la flor que tenía Anselmo en el culo ahora ha pasado al mío en una especie de extraño transplante anal. El caso es que cuando más ahogado me vi empecé a moverme a velocidad hipersónica y conseguí varias alternativas, las tres tan interesantes como inesperadas: vienen dos chicas a ver el Botellódromo (durante todo este tiempo había estado enseñándolo a los posibles futuros inquilinos) que durante el verano necesitarían a un tercer compañero, visito un piso aún más cerca del mío que el de PV y descubro que los venezolanos aún tienen libre su habitación. Las primeras no dan señales de vida durante un par de días y el segundo piso no me termina de convencer, así que hablo con el venezolano y cierro con él el alquiler de su habitación para entrar ya, por fin, el 1 de julio. El 24 de junio quedo con él por la mañana y le hago entrega de un mes de fianza. El culebrón del piso por fin está cerrado... ¿o no?

CAPÍTULO 8: CACA DELUXE
Nada más lejos de la realidad. 30 de junio de 2011: estando haciendo las maletas junto a Luis Fabiano y Alf, el dueño del Botellódromo me salta con que o le doy más dinero de lo estipulado por los días extra que he estado en el piso (by the face, sí) o no me devuelve la fianza. Tras un amago de jamacuco y negociar a toda prisa con su abogado, finalmente cedí y acordé pagarle algo más a cambio de que no nos jodiera la fianza a mí y, sobre todo, a mi compi. Sin embargo, lo más hardcore aún estaba por llegar. 1 de julio de 2011: último día en mi Botellódromo, limpieza a contrarreloj para dejarlo medianamente presentable y mudanza (que se dice rápido, no habéis visto la de maletas y bolsas que tenía) al piso de los venezolanos. Una vez trasladadas todas mis cosas, me dí de bruces con lo que era realmente ese piso: suciedad extrema (basura tirada por el suelo de la cocina, fregadero hasta arriba de platos sucios y mierda por doquier), angustiosamente pequeño (mis maletas no cabían en mi zulo cuarto y ni siquiera tenía una balda para mis cosas en la cocina), compañeros bordes y/o pasotas (al menos el venezolano, a los otros apenas les vi), electrodomésticos rotos y del año del Cuéntame, desagües atascados y armarios en los que probablemente se había cometido algún asesinato con anterioridad. Admito mi culpa en no haberme fijado antes en algunas de esas cosas (es lo que tiene estar desesperado por encontrar una habitación), pero otras no las pude comprobar hasta que ya no estaba dentro de ese piso (como las sandías, vaya) ya que cuando fui a verlo se encargaron astutamente de ocultarlas. Esa noche estaba completamente hundido y pensando seriamente qué hacer ya que tirarme 3 meses metido en ese cuchitril y habiendo pagado ya un mes de fianza no parecía una opción.

CAPÍTULO 9: HUYENDO QUE ES GERUNDIO
Con todo lo que había pasado ese día (limpieza, mudanza y mal trago por el piso nuevo) de lo que menos ganas tenía esa noche era de salir de farra, pero uno es un tipo de palabra así que saqué fuerzas de flaqueza y me fui al cumpleaños de un colega. Ahora, con la perspectiva del paso de los días, he de decir que haber ido a ese cumpleaños ha sido, posiblemente, una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, ya que en él conocí a una amiga de mi colega que, entre una cosa y otra, me dijo que estaba buscando un compañero de piso para el verano y le dije que, por supuesto, a mí también me interesaba, así que tras enseñarme su piso esa misma noche (ciegos perdidos los dos, ojo) lo tuve clarísimo y a la mañana siguiente me armé de valor para decirle al venezolano que se quedase con la fianza y se metiese su sucio piso por el culo (bueno, no fue exactamente así pero el concepto es lo que importa). Total, que hice mi segunda mudanza en dos días, esta vez al piso de Alf ya que no podía trasladarme al piso de esta chica (a partir de ahora SB) hasta el domingo. Llevamos de nuevo todas las maletas del mundo y aún así tuvimos tiempo de ver por la tele la boda de Moñaco (perdón, Mónaco) y de irnos a ver desfilar a los gueis por Gran Vía. Y todo eso de resaca y sin drogas.

CAPÍTULO 10: CABALLEROS, PRINCESAS Y OTRAS BESTIAS
3 de julio de 2011. Tercera mudanza en tres días, todo un récord, y esta vez la definitiva. Con la inestimable ayuda, de nuevo, de mi escudero Alf conseguí llevar mi ejército de maletas a SB no sin dificultades, ya que descubrimos lo mal diseñadas que están algunas estaciones de metro con sus interminables escaleras, toda una delicia para la gente que vaya cargada de maletas. El caso es que, tras casi tres meses de desventuras, giros inesperados y atracos varios, POR FIN pude instalarme en un piso (muy cuco él, por cierto, y no demasiado lejos de mi curro) y quedarme la mar de agusto, al menos hasta que me toque hacer la próxima mudanza en septiembre. Mirad por dónde al final mi historia ha sido una especie de cuento de hadas en el que una princesa rescata a un bufón caballero de las garras de unos sucios ogros. Y ni qué decir tiene que esa noche dormí como un bendito.

EPILOGO:
4 de julio de 2011. El dueño del piso de Cuatro Caminos dice que ya nos ha ingresado la fianza por internet... pero nosotros no vemos ningún movimiento en la cuenta. ¿Habrá huido con el dinero a las Bahamas? ¿Conseguirá Albret su venganza? ¿O simplemente es que las transacciones por internet tardan un par de días?
(que en realidad es lo que ha pasado, ejem). ¡Dejemos el final abierto por si el libro triunfa y hay que sacar alguna secuela!

Como véis, en este último mes me ha pasado casi de todo y no os mentía cuando os decía que estaba estresado no, lo siguiente. Ahora, a descansar y a disfrutar del verano, que estoy de un blancuzco que me da vergüenza salir a la calle. Y hablando de blancuzcos... ¿qué os parecería titular el libro Los vampiros que no amaban a las mujeres? Ya sé que, aparte del color de la piel, Edward Cullen y no tenemos muchas cosas en común, pero no me negaréis que es un título que huele a best-seller a kilómetros.



PD: hablando de best-sellers, ayer me compré ¡Indignaos! y Juego de tronos (no me olvido del post resumen de la primera temporada de la serie, tranquilos). ¿Seré capaz de leerme los dos libros a la vez sin que se me mezclen las tramas? ¿Conseguirá Lord Eddard Stark salvarse de la conspiración de los malvados banqueros? ¿Irán los indignados a acampar delante del Muro? Y, sobre todo, ¿tendrán cojones los mossos de cargar contra los Dothraki?

5 comentarios :

  1. Dios. Qué infierno de mes xDDD Pero vamos, todavía hay tiempo de tener que mudarte unas cuantas veces más, antes de volver a Málaga :P

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  2. Anónimo12:37 p. m.

    Oh, sí.
    Mudanzas albretosas.

    W.

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  3. Shurhans2:07 p. m.

    Creo que hiciste bien al salir del piso de los venezolanos de cumbia de salón. Probablemente hubieras sido sodomizado por ella y hecho cachos por él, pasando posteriormente a formar parte del atasco del desagüe.

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  4. Anónimo2:06 p. m.

    Yo voto por una secuela.Esta bien esto de los capitulitos.Que gentuza la del piso ese venezolano y mas el casero del botellodromo el pagar un poco mas por los dias extras despues de 5 años conviviendo con él se podria estirar un poco, ademas no han sido tantos dias al fin y al cabo.Otra opcion hubiese sido el de quedarte con las dos tias que fueron a visitar el botellodromo y asi repartis gastos y no hubieses tenido que mudarte.
    Que disfrutes el piso.Ochi

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  5. Anónimo3:23 p. m.

    La mudanza casi me ha dejado sin el placer de matarte con mis propias manos.

    W.

    Uno de los "New kids of the blog".

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