lunes, 12 de julio de 2010

¡Una de champiñones!


Por Luis Enrique y su nariz rota. Por Raúl y sus inútiles 44 goles. Por Cardeñosa y su fallo imposible. Por Julio Salinas y esa vaselina que no quiso o no supo hacer ante Pagliuca. Por Clemente poniendo a Nadal y Hierro de mediocentros y haciendo del buenrrollismo un modo de vida. Por Zubizarreta y su autogol ante Nigeria. Por el gol fantasma de Míchel contra Brasil. Por el partido en el que íbamos a "retirar" a Zidane y en el cual nos la acabaron metiendo doblada. Por Iván Helguera queriéndole partir la cara a Al Ghandour. Por los de OT.

Pero también por los sobacos de Camacho, los cojones de Caminero, el arte de Kiko, la garra de Juanito, el corazón de Santillana, el talento de Gárate, el rabo de Butragueño, el gol de Señor o la sabiduría de Don Luis Aragonés. Han sido demasiados años de sinsabores mundialistas, de llantos, ilusiones rotas y de grandes generaciones de jugadores españoles sin recompensa viendo cómo siempre eran otros los que forjaban sus leyendas a nuestra costa. Maradona en 1986, Matthaus en 1990, Romario en 1994, Zidane en 1998, Ronaldo en 2002... en mis 29 años de vida nunca había visto a España hacer absolutamente nada en un Mundial más allá del ridículo y, al igual que la gente no ya de mi generación sino de varias, nunca pensamos que pudiera llegar el momento en que a nosotros también nos tocara hacer algo grande de verdad en un Mundial. Pues ha llegado, y puedo decir ha sido el día más feliz de mi vida. La Roja ha sido un ejemplo de superación, nobleza, humildad y jogo bonito (jódete, Dunga) durante todo el torneo y no se me ocurre una persona más apropiada que Lo Puto Gusiluz, Andrés Iniesta, para llevarse la gloria personal de haber marcado el gol de la victoria (el detalle que tuvo acordándose de Dani Jarque es para quitarse el sombrero). Esta selección ha maravillado al mundo y ahora somos nosotros, por fin, el gran enemigo a batir que ha vuelto a dignificar este torneo tras demasiados años de campeones débiles y circunstanciales. Que una selección como esta Holanda marrullera haya conseguido llegar a la final de todo un Mundial (Johann Cruyff debe estar avergonzado del juego de la oranje) habla mucho del nivel del resto de presuntas "grandes" mundiales.

Y es que uno no puede evitar volver la vista atrás en momentos como éste, tan soñados que cuando llegan no se sabe muy bien qué decir ni hacer. La primera imagen que recuerdo de lo que significa un Mundial, Naranjitos aparte, es ver a Maradona besar la Copa del Mundo de 1986: aquel semidios del fútbol alcanzando cotas de gloria con las que nosotros, meros españolitos mortales, jamás podríamos ni siquiera soñar. Pues lo imposible a veces sucede, y esta inolvidable generación de futbolistas lo ha hecho posible. Ahora serán el resto de niños del mundo los que vean a Casillas, Iniesta, Xavi, Villa, Torres, Piqué o Cesc levantar la Copa del Mundo de 2010 y piensen que será imposible llegar a donde estamos nosotros ahora. Y lo podrán hacer si sus selecciones hacen algo tan sencillo como saltar al campo y jugar al fútbol, no hay más. Es la belleza del fútbol pero, de momento, el resto del mundo que se espere, que ahora los que mandamos somos nosotros y tiene pinta de que va a seguir siendo así por muchos años. Y al que ose intentar quitarnos nuestro cetro que sepa que le va a caer la del Pulpo.

PD 1: Pepe Reina es, sencillamente, Dios.

PD 2: anoche celebré el Mundial junto al mismísimo Francisco Álvarez-Cascos. Si es que lo que no consiga el fútbol...


Cuánta grandeza junta

2 comentarios :

  1. Jo Al... Que me haces llorar tio!!

    Que con lo que hemos vivido, estoy muy sensible...
    Creo que de lo que he podido leer hoy, lo tuyo es lo que mas me ha llegado....
    Gracias por hacerme vivir éste momento como lo has hecho!
    Besos y SOMOS CAMPEONES!!! OSTIAA!
    (perdón)

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  2. Pf, a mí también me ha llegado... Porque además es muy cierto. ¡Somos campeones del Mundo al fin!
    Chao.

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